Lesly Cardona vive para animar, inspirar y amar. Superó el cáncer de mama, también una complicada cirugía craneal. Es madre y abuela, líder de ventas, voluntaria en programas de apoyo a mujeres pacientes de cáncer. Vive para servir. VIVE
Lesly Cardona vive en Irving, Texas. Vive —esa es la palabra— con energía, con esperanza, con fuerza y con anhelo. Vive porque es madre y abuela. Ha superado adversidades con optimismo y fortaleza. Superó un agresivo cáncer de mama. Afrontó una cirugía craneal que la obligó a volver a prender a caminar, a equilibrarse, a escucharse.
Es madre y como abuela. Es una exitosa vendedora, un oficio que aprendió desde cero y que hoy ejerce con liderazgo. Poniendo en práctica la vocación de maestra que practicó por años en Jalpatagua, Jutiapa. Lesly vive regala inspiración en cada día y de manera concreta, acompañando a mujeres que hoy transitan el mismo diagnóstico que un día la puso a prueba a ella.
Esta es la motivadora conversación con Lesly Cardona, efectuada en los últimos días de diciembre 2025 y que constituye un testimonio poderoso para comenzar el 2026 sin pretextos, sin miedos, sin barreras.
¿Qué recuerdas de tus primeros días como migrante en Estados Unidos?
“Las luces. Siempre las luces. Llegué en el año 2005, con muchos temores, con muchos anhelos, con muchas metas por cumplir. Recuerdo ese primer día llegar y ver muchísimas luces, luces, luces… ciudades increíblemente grandes”
“De hecho lo recuerdo aún cuando conduzco. Es como un déjà vu. Yo llegué primero a Los Ángeles y era inmensa.Yo nací en Retalhuleu, estudié magisterio en Mazatenango, Suchitepéquez y después me mudé a Jalpatagua, Jutiapa, donde trabajé como maestra”.
¿Qué fue lo más complicado de ese reinicio?
“Pensaba hacia el futuro: qué voy a hacer aquí, cuáles van a ser mis propósitos. Yo fui maestra muchos años en Guatemala y siempre quise dejar una huella en mis alumnos. Pero al migrar había dejado a mi hija. Tenía siete años. Me dolía el corazón dejarla, pero tampoco no la quise traer entonces porque yo no sabía a qué me enfrentaba. Quería primero tener algo establecido para poder ofrecerle algo.”

¿Cual fue tu primer trabajo en Estados Unidos?
“Fue un choque total. Imagínate venir de Guatemala, de trabajar en aulas de un colegio. Mi primer trabajo fue en un McDonald’s. Entraba a las 4 de la mañlana. ¡En mi vida había hecho una hamburguesa! De hecho, al inicio no estuve en la cocina. En el primer día me dieron una escoba y me dijeron que fuera a barrer el parqueo. Yo lloré enmedio de ese frío. Me preguntaba ¿a qué me vine? Pero con el tiempo entendí algo muy importante: todo trabajo dignifica.”
¿En qué época del año fue la llegada?
“En enero. Había un frío tremendo?
¿Y después qué otro trabajo vino?
Comencé a limpiar casas. Es un trabajo pesado, fuerte. Mis respetos para las personas que limpian casas, porque es un trabajo duro. Pero todo se aprende.”
¿En qué momento aparece el trabajo de ventas en Royal Prestige?
“Yo nunca había vendido ni siquiera un chicle en Guatemala. Me dio miedo, claro. Pero salir de nuestra zona de confort es una gran oportunidad. Empecé desde cero en Royal Prestige, una compañía distribuidora de productos de cocina. Me encantó. No sabía que podía ser tan buena vendedora y hoy incluso doy capacitación a otros vendedores. Todo se aprende pero sin duda enriquece aún más enseñar. Total, soy maestra”
En 2018 llega un diagnóstico muy duro para tu vida
“Sí, me diagnostican un cáncer de mama. Ese día me derrumbé. Lloré, lloré, lloré. Tenía apenas dos meses de haberme divorciado y dos hijas. Pensaba: ¿qué voy a hacer ahora?”
“Abrí la Biblia y leí el libro de Job. Pensé: si Dios permitió que Job pasara una prueba tan difícil y luego lo restauró, ¿por qué no lo va a hacer conmigo? Con su ayuda voy a superar esto”
¿Qué te fortaleció en todo ese proceso?
“Pensé que iba a ser algo de unos meses, pero no.Fue un camino largo, difícil, con muchos cambios físicos. Tuve cuarenta quimioterapias, doble mastectomía e histerectomía. Pero seguía con vida, porque quería seguir luchando por mis hijas. Me ayudó el apoyo de personas a quienes había conocido antes, todo lo que uno siembra se cosecha. Y logré superar el cáncer, gracias a Dios. ”
Pero la prueba no había terminado
“Cuando terminé las quimioterapias yo sufría de mucho dolor de cabeza. Dolor, dolor que se iba incrementando. Pero después, ya no podía mover bien la mano, no podía subir una escalera, una parte de mí no funcionaba igual. Eran síntomas raros. El oncólogo me envió con un neurólogo y el diagnóstico fue una malformación de Chiari. Así se llama.
Era algo distinto al cáncer. Hay una predisposición hereditaria, pero al parecer se desencadenó debido a las quimioterapias. Si no hubiera tenido cáncer quizá no se habría manifestado. Tenían que hacerme una operación de cráneo: una craniectomía. Me quitaron dos vértebras. Después de la recuperación, no podía caminar. Tuve que usar bastón. Tuve que aprender a caminar otra vez. La cabeza mueve todo el cuerpo y a veces no nos damos cuenta”.
En esos momentos tan difíciles ¿qué pasaba por tu mente?
“Todo pasa. Nada es para siempre. Eso me decía yo para seguir adelante: vamos a superar esto con la ayuda de Dios. Y durante todo aquel proceso me di cuenta de cuánta desinformación hay y de cuántas mujeres pasan este proceso solas. Conocí organizaciones que me apoyaron cuando yo más lo necesitaba y hoy soy parte de una fundación que ayuda a personas con cáncer. Ahí acompaño, escucho y ayudamos con asistencia y soporte emocional. Nadie debería pasar el cáncer solo.”
¿Qué te anima a seguir apoyando a otras pacientes?
“Porque yo recibí mucho apoyo. Yo ayudé a mucha gente antes sin saber que un día todo eso iba a regresar a mí. Por eso sigo ayudando, sirviendo. Hay que devolver lo que se recibe, y vivir para servir”
¿Qué mensaje le darías hoy a alguien que recibe un diagnóstico de cáncer?
“Que todo pasa. Que la mente es poderosa. Que el amor es nuestra fuerza. Que uno puede transformarse, como la mariposa que primero es capullo y luego sale algo hermoso, porque Dios siempre está con una”
Para cerrar, Lesly, ¿cuál es tu gran sueño?
“Quiero ir a conocer Israel. Todavía sueño. Todavía quiero vivir. Quiero seguir sirviendo, apoyando a quien pueda”
Fortaleza de guatemaltecas sin fronteras













