La migrante guatemalteca Marina López fue detenida por agentes de ICE después de asistir a una cita de asilo el 4 de junio. Tras 7 meses pudo volver a casa para abrazar a sus hijos en Navidad.
La Navidad trajo un verdadero milagro para la migrante guatemalteca Marina López y su familia. Después de casi siete meses detenida en un centro de detención en Kentucky, recuperó su libertad y pudo volver a casa para abrazar a sus tres hijos.
“Mi corazón latía fuerte. Me voy con mis hijos”, dijo Marina al recordar el momento en que supo que sería liberada. Pero no fue un proceso fácil. Durante meses, Marina vivió una soledad que describe como “devastadora”. Compartía celda con otras 16 personas y la separación de su familia le desmoronaba, según un reporte de Univisión.
“‘Diosito, ¿por qué me vas a quitar a mis tres angelitos?’” oraba en el centro de detención. Marina llegó a Estados Unidos hace diez años junto a su esposo.
La pesadilla comenzó el 4 de junio, cuando Marina acudió a una cita con inmigración en las oficinas de ICE en Chicago, bajo el Programa Intensivo de Supervisión y Comparecencia. Recibió un mensaje de texto citándola en persona. Pero acudir a aquella corte terminó en su detención.
“Me quedé en shock. ¿Qué está pasando? Yo vine a cumplir, pero de repente me arrestan”, relata Marina. Sin antecedentes penales y con permiso de trabajo vigente, Marina fue detenida y trasladada primero al centro de Broadview, Illinois, y luego a un centro de detención en Kentucky. Allí permaneció casi siete meses, enfrentando condiciones que describe como inhumanas.
“Nos dieron un sándwich, sopa seca, sin nada, sin agua. Nos engañaban con un vasito… empezaron a reírse y decían: ‘Aquí no va a haber agua para ningún inmigrante’”, contó.
Mientras ella vivía la incertidumbre tras las rejas, en casa sus tres hijos no entendían por qué su madre no regresaba. Su esposo, cuya identidad se protege, relató a noticieros: “Trataba de ser fuerte cuando hablaba con ellos. Les decía: ‘su mamá muy pronto va a estar con nosotros’”, recordó.
Marina está convencida de que su liberación no fue casualidad. Atribuye el desenlace a no tener antecedentes, al trabajo incansable de su abogada de migración y a la fuerza de la fe. “Lo entregué todo, todo mi corazón a Dios, por mis hijos. Él es el único que sabe el dolor de mis angelitos”, expresó la guatemalteca al noticiero Telemundo Chicago.
El día de su liberación, el reencuentro fue inmediato. Su esposo la llevó a casa, donde la esperaban sus hijos con los brazos abiertos. “Nos abrazamos muy fuerte”, relató entre lágrimas. Según su abogada migratoria, Marina continuará su proceso de asilo en libertad, desde su hogar, acompañada de su familia.
“Es un nuevo comienzo de mi vida. Siete meses encerrada no es vida”, dijo.
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