Éxitos

Maestra migrante María Elena Morales amasa un fresco porvenir

Por 22 años, la niñera guatemalteca María Elena Morales ha brindado atención y cariño decenas de niños y niñas a su cuidado y lleva 16 años con su guardería. Ahora tiene un nuevo emprendimiento: elaborar exquisito pan artesanal de masa madre.

Una fuerte helada le dio la bienvenida

Llegó a Estados Unidos hace 22 años para trabajar como niñera y desde hace 16 tiene su propia guardería en Milwaukee. Pero la migrante guatemalteca María Elena Morales tiene hoy en sus manos un nuevo emprendimiento: elaborar panes con masa madre, técnica artesanal y orgánica con la cual amasa un nuevo porvenir, con esperanza y optimismo, a pesar de cualquier dificultad.

«Llegué a EE.UU. con un programa llamado U-Pair: a trabajar en la casa de una familia cuidando a niños y teniendo la posibilidad de estudiar inglés. Estudié en el Sagrado Corazón y me gradué de maestra de párvulas en el liceo Victoria y Libertad».

María Elena aún recuerda como si fuera ayer las fuertes nevadas que vivió aquel año. «Yo soy chaparrita y con la nieve, me hundía», cuenta y era la perfecta metáfora de la dificultad para adaptarse a la vida, lejos de su familia, lejos de su país. Pero su anhelo era salir adelante confiando en su potencial.

Así lucen las masas listas para el horneado, despúés de 14 días de paciente cultivo, sin aditivos ni levaduras externas. Para María Elena este es un ritual que se convirtió en emprendimiento

Más que guardería: un segundo hogar

«Empecé a trabajar en una guardería en 2002. La dueña estaba embarazada y necesitaba ayuda. Trabajé allí por cinco años. Yo tuve a mi hijo Mateo en 2006 y tuve la oportunidad de laborar y cuidarlo todo el tiempo junto a otros niños con el mismo cariño y atención para todos. Fue una bendición».

En 2008 la dueña decidió cerrar la guardería para dedicarse a otros proyectos y María Elena se quedaría sin empleo. «Pero unos cinco padres y madres que se quedaban sin cuidado me preguntaron si  yo podía cuidar a sus hijos. Les gustaba mucho la forma en que atendía a cada pequeño. Así nació la idea de abrir mi propia guardería, en mi casa. Era septiembre de 2008. Ese año yo tenía licencia para aquel trabajo». 

Cada año debía llevar cursos de actualización para mantener la licencia, pero a la vez la experiencia de María Elena crecía. Cuenta que es inevitable encariñarse con cada niña o niño a su cargo. De hecho llegó a ser madrina de uno de ellos, el pequeño Antonio, quien nació con síndrome de Down, pero a quien integró plenamente a los otros niños con excelentes resultados.

«Uno va conociendo a cada niño o niña. A veces los papás me llemaban «bruja» porque de antemano yo les decía, por ejemplo: esa va a ser una infección de oído o ya le va salir el diente… por algun malestar. Yo no soy médica, pero soy mamá. Así quecuando lo llevaban a consulta, cabal acertaba», relata con una sonrisa.

Por 16 años, la casa de María Elena en Milwaikee ha sido un segundo hogar para decenas de niños y niñas a su cuidado. Amor, atención, dedicación personalizada le han llevado a encariñarse con cada uno. Y muchos ya crecieron.

El pan de los sueños

Tras más de dos décadas al cuidado de niños, a quienes ha dedicado cariño personalizado a diario, María Elena está en proceso de cerrar su guardería. Su negocio de pan artesanal abre nuevas posibilidades y sueños. Y para María Elena es vital seguir soñando.

Empezó como un pasatiempo y como una dedicación de hogar: elaborar pan de masa madre,  orgánico, es decir sin agregarle levadura externa, sino con fermento natural nacido  del agua y el harina, un proceso que lleva 14 días de espera hasta que se hornea. Y no le ha ido nada mal.

«En el verano del 2022, yo quería hacer nuestro propio pan, porque el pan industrial tiene muchos aditivos, conservantes y a mi me gusta lo orgánico. Yo no cocino cosas congeladas ni de lata. Este pan solo tiene la levadura que se forma entre la harina y el agua. Necesita un reposo de 14 días, pero a diario de le agrega harina limpia y agua fresca. Todos los días. A las dos semanas  la masa madre ya está lista para hornear. Es como un ritual. Además de agua y harina solo se necesita paciencia».

María Elena compartió sus panes con amigos, pero alguien le dijo: ¡Está delicioso! ¿Por qué no lo vendes? El Día de Acción de Gracias del 2022 empezó a recibir pedidos. «Esa semana hice 14 panes», cuenta. A partir de entonces, aquella microindustria ha ido creciendo, al punto que alimentó un sueño, un emprendimiento que trabaja con la ayuda de su novio Ryan y también de su hijo, Mateo.

"Que nadie nos haga de menos"

María Elena está convencida del talento y potencial de los migrantes guatemaltecos. «Este es un país de oportunidades y hay que luchas bastante. Sí, existe racismo, pero uno nunca debe dejar que nadie nos haga de menos. Tenemos valores, tenemos habilidades y tenemos talento», declara con convicción. «Pero hay que estar preparados para cuando llega la oportunidad de servir y de avanzar. No se trata tanto de hacer dinero, sino de vivir feliz, estar en paz, vivir con armonía y servir a los demás».

La certeza para esto se encuentra en el recuerdo de sus abuelos: Carlota de Morales, quien aún vive y  Mauricio Morales, fallecido en 2000. En su memoria está el recuerdo de su casa en Chimaltenango y los viajes con sus primos a Antigua Guatemala, pero sobre todo su ejemplo de trabajo y bondad.

De hecho fue con su abuelita que conoció, de niña, hogares de niños a los cuales iba a dejar ayuda en víveres, pero a la vez fue a su lado que aprendió a cocinar con aquel toque siempre especial de amor: el mismo que hoy le pone a cada niño que cuida, a cada masa nueva que prepara y a cada pan que sale de su horno.

 
La conversación fue mucho más larga y llena de detalles. La clave para María Elena es mantener foco en nuevos objetivos y le alegra mucho que su hijo Mateo ya esté en busca de los suyos propios.

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