Personas migrantes, residentes legales s incluso ciudadanos en Minesota y otros Estados dejan de asistir a citas médicas o no buscan ayuda por temor a toparse con redadas migratorias, lo cual incrementa riesgos sobre la salud pública.
El temor a las redadas migratorias está golpeando la salud pública. Se reporta un creciente número de personas que posponen o cancelan consultas médicas esenciales —incluidas citas pediátricas, controles prenatales y atención de urgencia— por miedo a encontrarse con agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en hospitales, clínicas o en el trayecto hacia ellos, señala un informe del Instituto de Investigación y Análisis de Enermedades Infecciosas de la Universidad de Minesota.
Uno de los casos que ilustra la magnitud del problema es el de Tina Ridler, de 60 años, quien vive con Covid-Extendido desde 2020 y ha sido hospitalizada en varias ocasiones, incluso por un coágulo sanguíneo potencialmente mortal.
A pesar de ser ciudadana estadounidense nacida en el país, Ridler está retrasando sus citas en la Clínica Mayo, en Rochester, Minnesota, por temor a cruzarse con agentes de ICE que realizan operativos en las inmediaciones del centro médico. “Uno pensaría que un centro médico de primer nivel sería un espacio seguro”, afirmó Ridler. “Estoy posponiendo las citas porque no quiero entrar en un territorio donde ICE está operando”.
Redadas y abusos son un peligro para la salud
El temor a las redadas migratorias está golpeando la salud pública. Se reporta un creciente número de personas que posponen o cancelan consultas médicas esenciales —incluidas citas pediátricas, controles prenatales y atención de urgencia— por miedo a encontrarse con agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en hospitales, clínicas o en el trayecto hacia ellos, señala un informe del Instituto de Investigación y Análisis de Enermedades Infecciosas de la Universidad de Minesota.
Uno de los casos que ilustra la magnitud del problema es el de Tina Ridler, de 60 años, quien vive con Covid-Extendido desde 2020 y ha sido hospitalizada en varias ocasiones, incluso por un coágulo sanguíneo potencialmente mortal.
A pesar de ser ciudadana estadounidense nacida en el país, Ridler está retrasando sus citas en la Clínica Mayo, en Rochester, Minnesota, por temor a cruzarse con agentes de ICE que realizan operativos en las inmediaciones del centro médico. “Uno pensaría que un centro médico de primer nivel sería un espacio seguro”, afirmó Ridler. “Estoy posponiendo las citas porque no quiero entrar en un territorio donde ICE está operando”.
Oportunidades perdidas y riesgo
El problema se agrava en medio de una temporada de influenza particularmente severa, que ya ha provocado la muerte de 32 niños. Según Janna Gewirtz O’Brien, presidenta del capítulo de Minnesota de la Academia Estadounidense de Pediatría, las redadas están provocando que familias enteras eviten acudir a centros de salud, incluso cuando se trata de atención urgente o preventiva.
“Hay muchos reportes de ICE entrando a hospitales o rondando sus alrededores, y las familias tienen razones fundadas para temer que un encuentro —en el camino o dentro del sistema de salud— termine en detención”, señaló O’Brien.
La médica relató el caso de un niño que llegó con una apendicitis severa después de que su familia esperara demasiado tiempo para buscar atención médica.
También indicó que es cada vez más común que los médicos reciban mensajes desesperados solicitando visitas domiciliarias o atención fuera del hospital para bebés con dificultad respiratoria, debido a que los padres no quieren exponerse a ser detenidos.
Ciudadano fue sacado de su casa por ICE sin abrigo a pesar del intenso frío.
Peligroso alejamiento de la salud
Para Michelle Gross, presidenta de la organización Communities United Against Police Brutality, la situación ha empeorado con rapidez. Al inicio de los operativos, voluntarios ayudaban trasladando a personas migrantes a sus citas médicas. Hoy, esa estrategia ya no funciona.
“Ahora que ICE ha aparecido dentro y alrededor de hospitales y clínicas, la gente está renunciando por completo a la atención médica”, explicó Gross. “Nuestro vecindario suena como una zona de guerra. El gobierno federal ha declarado, literalmente, una guerra contra nuestra comunidad”.
ICE mantiene presencia en Minnesota desde principios de diciembre, pero esta se intensificó drásticamente a inicios de año. El 6 de enero, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, anunció el despliegue de 2,000 agentes de ICE adicionales en el estado, y posteriormente informó que “cientos más” podrían sumarse.
Respuestas de emergencia
Ante la caída de consultas, algunos proveedores están buscando soluciones alternativas. Hennepin Healthcare ha ampliado el uso de telemedicina para pacientes con dificultades para acceder a la atención presencial.
Además, su clínica pediátrica móvil —creada durante la pandemia de COVID-19— ha aumentado sus turnos y ofrece vacunaciones y controles de niño sano, con la expectativa de incorporar atención de enfermedades agudas. “Nuestra comunidad sanitaria es increíble: se está movilizando y tratando de responder lo más rápido posible”, afirmó O’Brien.
De 691 profesionales de la salud encuestados en 30 estados el 84% reportó una disminución significativa en las visitas de pacientes en 2025 y lo que va de 2026
Un patrón que se repite a nivel nacional
Lo que ocurre en Minnesota no es un caso aislado. Una encuesta nacional realizada a 691 profesionales de la salud en 30 estados revela que 84 % reporta una disminución significativa o moderada en las visitas de pacientes desde enero de 2025, tras la emisión de una orden ejecutiva presidencial en materia migratoria. El estudio fue elaborado por Physicians for Human Rights y Migrant Clinicians Network.
El informe documenta que niños están llegando solos a las salas de emergencia y que profesionales de la salud atienden a menores de apenas 6 años con ansiedad severa por el miedo a la separación familiar.
Ciudadanos viven con miedo
El temor no se limita a personas indocumentadas. Mawe, madre de nueve hijos y ciudadana estadounidense nacida en Texas, canceló dos controles rutinarios para su recién nacido —nacido el 2 de enero— por miedo a ser detenida camino al consultorio. Solo accedió a llevar al bebé cuando su médico insistió para verificar su peso y estado cardíaco.
“He visto a ICE detener a ciudadanos, incluso con papeles, personas nacidas en Estados Unidos que no deberían ser arrestadas”, relató. “Ha sido muy peligroso”. Mawe, que es hispana, casi no sale de su casa. Voluntarios, incluida la propia Ridler, le llevan alimentos.
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