Sin papeles ni recursos, el migrante y futbolista hondureño Nahun Romero comenzó en 2016 la academia 5 Star en Queens, Nueva York a la cual asisten niños y jóvenes migrantes que encuentran allí un sueño de futbol sin fronteras.
Cuando el migrante y futbolista hondureño Nahun Romero cruza cada tarde el Astoria Park, en Queens, Nueva York, no solo llega a un campo de fútbol. Regresa, simbólicamente, al niño que fue en Honduras: el que trabajaba desde los ocho años en el campo, el que entrenaba futbol al amanecer, el que aprendió pronto que el sacrificio no era una opción sino una condición de vida.
Hoy, rodeado de casi 500 niños, hijos de migrantes de más de 45 países, además de estudiantes estadounidenses, Romero dirige la 5 Star Soccer Academy, una escuela que nació sin dinero, sin papeles y sin padrinos, pero con una idea clara: que el fútbol puede cambiar destinos.
“Partimos de cero. Nadie nos ayudó. Solo tenía a mi esposa, que siempre ha estado a mi lado”, recuerda en una entrevista.
Construcción de día, canchas de noche
Nahun llegó a Estados Unidos tras un viaje de tres meses por Centroamérica, México y Texas, lo hizo como tantos otros migrantes: en silencio, invisible, trabajando en construcción de día y practicando futbol por la noche. Durante años vivió con el perfil bajo que impone la ilegalidad, esperando —dieciocho años— la legalización que le permitió volver a abrazar a sus padres.
Antes de salir de Honduras, Nahun jugó como defensa en la segunda división, entrenó con el equipo Marathón, trabajó en las noches y madrugó durante años. “Para mí, yo no tuve una buena educación escolar, pero el fútbol me dio inspiración. Me enseñó a ser una persona fuerte”, dice. Ese aprendizaje es hoy la columna vertebral de su proyecto. Un día su esposa le dijo que por qué no compartía con niños del área de Queens aquella habilidad para el balompié.
Un sueño que empezó con el marcador a cero
La academia comenzó en 2016 con apenas cinco niños. Lo más difícil no fue entrenar, sino convencer. Convencer a padres de distintas culturas de confiarle a sus hijos a un migrante sin papeles, sin historial en Estados Unidos, sin respaldo institucional. “Fue duro”, admite.
Pero Nahum Romero apostó por el profesionalismo: entrenamientos estructurados, disciplina, materiales de calidad y un gesto que se volvió marca de la casa: cada niño recibía una camiseta con su nombre al inscribirse.
Llamó a su escuela 5 Star Soccer Academy (Academia 5 estrellas) por la excelencia a la que aspira y como homenaje a las cinco estrellas azules de la bandera hondureña. En sus canchas conviven acentos, idiomas y trayectorias migrantes.
Queens, el distrito más diverso de Nueva York, está muy bien representado sus equipos. “En Europa el fútbol es una religión. En Estados Unidos es diversión. Aquí en la academia se trabaja. Queremos desarrollar jugadores”, explica uno de sus entrenadores, el exprofesional albanés Idlir Makar. Sí, Nahun ha ido reuniendo talentos en su equipo de entrenadores.
Esfuerzo, disciplina y multiculturalidad
Romero no promete milagros, pero sí método: un espacio seguro para la competitividad, los sueños y las ganas de triunfar. Insiste en la disciplina, el respeto de las posiciones, el juego colectivo. “Si todo va bien, algún día uno de ellos será profesional”, dice, sin grandilocuencia. Hoy, sus equipos ya compiten y destacan en torneos juveniles hasta los 13 años, la edad límite de la academia.
Con precios muy por debajo del mercado neoyorquino y becas para niños migrantes recién llegados, la 5 Star es sobre todo un refugio sin fronteras, con espacio para todas las culturas e identidades. Un espacio donde el fútbol construye comunidad.
Su sueño también ha cambiado. Antes quería ser futbolista profesional. Ahora, quiere formarlos de uno en uno. “Mi sueño ahora es hacer a un jugador profesional”, dice, mientras observa a su hijo pequeño correr entre conos y balones, cambiando del inglés al español con naturalidad.
Nahun Romero mira el futuro con la misma convicción con la que un día cruzó fronteras: quiere un campo propio, pintado con los colores de las cinco estrellas. Sabe que el camino ha sido largo, pero también que no ha terminado. “Esto es solo el principio”, repite.
Y en la academia 5 estrellas sin fronteras de Nueva York, cada tarde, el silbato vuelve a sonar como una promesa.
Talento migrante centroamericano













