Es una de las más solemnes, fuertes y enigmáticas tradiciones devocionales de la Semana Santa en Guatemala: la penitencia de los Changaliques y Gateadores de San Andrés Sajcabajá, Quiché en cada Viernes Santo.
En el corazón del municipio de San Andrés Sajcabajá, en el departamento de Quiché, cada Viernes Santo se desarrolla una de las manifestaciones más sobrecogedoras de la religiosidad popular guatemalteca: el recorrido penitencial de los Changaliques y Gateadores, también llamados Grillos.
Se trata de una práctica ancestral que, por más de dos siglos, ha sido transmitida de generación en generación como un acto de devoción, fe y memoria colectiva. Los Changaliques y Gateadores son un grupo de 12 a 15 penitentes voluntarios— que, cubiertos con mantas y el rostro oculto, recorren un kilómetro y medio.
Los Changaliques llevan cruces o un travesaño con espinas, mientras los Gateadores van avanzando con rodillas y manos un kilómetro y medio desde la iglesia parroquial de San Andrés Sajcabajá hasta el templo del Calvario.
Este trayecto NO es un espectáculo ni una curiosidad turística: es un ritual sagrado y conmovedor: simboliza el camino de Jesucristo hacia la crucifixión, evocando el sufrimiento físico y espiritual que marca la conmemoración de la Semana Santa.
Recorrido lentol solemne y sagrado
El contacto directo con el suelo, el desgaste físico y el anonimato refuerzan el sentido de humildad y penitencia que caracteriza este ritual. Además, portan coronas de largas espinas, así como flagelos y nudos espinosos pegados al cuerpo, que en efecto causan lesiones y dolor, que forman parte del simbolismo.
De hecho esta manifestación penitencial se inicia con la Cuaresma católica de cada año. Durante cuarenta días, los participantes se retiran de la vida cotidiana y se aíslan incluso de sus familias.
Se congregan en una “Nim ja” —o casa grande— cuyo paradero es resguardado por los ancianos de la comunidad, quienes guían el proceso, proveen alimento y velan por el cumplimiento de las normas rituales.
Sajcabajá es un municipio de Quiché, a 200 kilómetros de la capital, cuyo nombre significa Agua de tierra blanca o Lugar de tierra blanca. Es un asentamiento prehispánico, anterior a la fundación de la capital k’iche de Gumarcaaj, que ocurrió hacia el 1400. Sacjabajá fue de hecho un primer asentamiento de aquel pueblo luego siguió hacia Gumarcaaj.
Templo de El Calvario, Sacajabajá, donde culmina el recorrido
Profunda y emblemática espiritualidad
El aislamiento refuerza el carácter de disciplina espiritual y compromiso colectivo. Cada participante asume, además, una promesa de largo plazo: cumplir la penitencia durante siete años consecutivos. El siete se considera un número sagrado de obediencia y plenitud.
Más allá de su dimensión religiosa, diversos relatos comunitarios sugieren que esta práctica tiene raíces bicentenarias, prácticamente en el final de la época colonial y la Independencia de 1821, cuando también se produjeron otros alzamientos indígenas como el de Atanasio Tzul en Totonicapán.
Aunque tiene un trasfondo religioso, se considera que podría estar vinculada a duros castigos infligidos a indígenas de la región en los años previos a la independencia de Guatemala, tras rebeliones contra los tributos impuestos por la Corona española.
"Los dueños de la casa"
Desde esta perspectiva, la pasión de Cristo adquiere un significado adicional para esta comunidad, de origen prehispánico: una evocación del sufrimiento histórico del pueblo indígena k’iche’ sujuzgado por los españoles y criollos. Como dato adicional cabe decir que la palabra Changalique, podría provenir de “chantli” (casa) y “eh” (dueño), es decir dueños de la casa.

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