Ninguna autoridad atendía sus solicitudes, así que los vecinos de la aldea San Francisco, San Miguel Chicaj construyeron un puente sobre el río Salamá con apoyo de compatriotas en Estados Unidos y por eso lo nombraron: Puente comunitario El Migrante.
Un verdadero monumento a la unión, al trabajo y la solidaridad es el puente El Migrante, de 40 metros de largo, construido por los propios vecinos en la aldea San Francisco, municipio San Miguel Chicaj, Baja Verapaz, sobre el río Salamá. El nombre es símbolo de gratitud al apoyo económico de connacionales radicados en Estados Unidos.
Desde su inauguración, el 18 de diciembre de 2025 (precisamente en el Día Internacional del Migrante), este paso vehicular colgante, de 40 metros de largo, ha transformado la movilidad, la economía y la vida cotidiana de la aldea San Francisco y varios caseríos circundantes.
Los vecinos lo habían solicitado varias veces a la municipalidad y al Gobierno central, sin respuesta. Había un paso peatonal sobre el río Salamá, pero necesitaban uno vehicular. “En junio de 2024 estábamos en una reunión. Ese año llovió recio, hubo un temporal y el río creció mucho. Ya habíamos hecho solicitudes, pero nunca hubo apoyo”, relata Óscar García, quien presidía entonces el Consejo de Desarrollo Comunitario,
Ante la falta de respuesta institucional, la comunidad decidió buscar ayuda. Se propuso un puente colgante. “La idea convenció, era realizable. Hicimos varias reuniones con líderes de otras comunidades”, recuerda García. El principal desafío eran los recursos para financiarlo.
Migración que construye
Como su nombre lo sugiere, la mayoría de recursos provino de migrantes guatemaltecos, originarios de la comunidad, pero también de otros puntos del país. El propio Óscar García fue migrante, estuvo en Richmond Virginia, entre 2004 y 2007.
“Platicamos con amigos en Estados Unidos, yo viajé allá, visitamos comunidades de varios Estados para pedir apoyo. Aportaron paisanos de la aldea, guatemaltecos de otros departamentos, incluso personas de El Salvador y hasta un ciudadano chino dieron su donativo”, explica García.
Las contribuciones llegaron desde ciudades como Richmond, Virginia; Mineapolis, Minesota; South Dakota, California y Alabama. “Es ayudarnos entre hermanos”, resume. Pero la propia comunidad también aportó: “Donaron animales como cerdos, gallinas y pavos, también textiles tradicionales elaborados por mujeres de la comunidad, para venderlos y aportar”: unión total de esfuerzos por una meta de beneficio común.
La construcción arrancó el 3 de enero de 2025 y se extendió durante 11 meses y medio. El trabajo fue liderado por albañiles locales que donaron su mano de obra. “Empezamos dos albañiles, luego se agregaron otros. Seguimos la idea de un ingeniero y un arquitecto, pero aquí hay buenos albañiles”, destaca García. “No solo fue dinero. La gente colaboró con lo que tenía, incluso con comidas. Hicimos actividades, la comunidad respondió”, añade.
Impacto positivo en la vida diaria
El puente fue inaugurado el 18 de diciembre de 2025, el Día Internacional del Migrante: fue la fecha elegida para homenajear el aporte desde Estados Unidos. Hubo decoración, bailes tradicionales, oraciones de gratitud a Dios, transmisiones por redes sociales de varios medios.
Desde entonces, el impacto de la obra comunitaria ha sido inmediato. Antes de su construcción, cruzar el río representaba un riesgo constante y limitaba el transporte de productos y materiales. “Muchos vecinos no podían llevar block, cemento o sus mercaderías de tiendas. Ahora todo eso cambió”, afirma García.
Las comunidades beneficiadas incluyen el caserío Los Encuentros, Buena Vista, La Rinconada, Chupel Palmar, Carchelaj y El Tempisque, algunas de ellas en zonas limítrofes con Alta Verapaz. El puente ha dinamizado la actividad económica local y facilitado el acceso entre comunidades.
“La semana pasada fui y el puente estaba muy transitado. Trajo mucho beneficio. San Francisco es una aldea con varios sectores, cada uno con su nombre. Pero el sector donde está el puente ahora también se llama Sector El Migrante”, señala.
Unión sin fronteras por el desarrollo
El Puente El Migrante no solo conecta territorios; conecta historias. Es testimonio de una comunidad que, ante la ausencia de apoyo estatal, apostó por la organización, el conocimiento local y la diáspora.
“Nos dijeron que qué sentido tenía hacer un puente de hamaca, porque ya había uno. Sí, pero era solo peatonal. Ahora hay uno que permite crecer y desarrollarse a las comunidades: sin deudas a políticos o autoridades. El pueblo unido lo hizo”, concluye García.
En una región donde las brechas de infraestructura siguen marcando desigualdades, esta obra demuestra que la migración no solo implica salida, sino también retorno en forma de inversión, compromiso y transformación colectiva.
En Google Maps aún no aparece el puente, pero sí se puede ver el área de aldeas que fueron beneficiadas
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