Félix Rac llegó a Estados Unidos hace cuatro décadas y desde la primera semana en busca de trabajo encontró "ángeles" en Los Angeles. Trabaja como carpintero y desde 2003 es diácono.
Las manos de Félix Rac trabajan y oran en Los Angeles. Sí. Casi desde su llegada como migrante desde Guatemala, a los 22 años, empezó a trabajar en carpintería, pero desde 2003 -¡hace 22 años!- también ha sido diácono de la arquidiócesis de Los Angeles, impulsando la fe popular y sobre todo la devoción al Santo Cristo de Esquipulas, imagen cuyas réplicas se veneran en diversos templos de Estados Unidos.
Desde la primera semana que llegó, sin saber inglés y sin tener claro su futuro laboral, encontró “ángeles” en Los Angeles, lo cual le condujo a una búsqueda espiritual que hoy es servicio, oración, consuelo espiritual e inspiración para las comunidades migrantes.
Y esta es su historia.
40 años de haber migrado
“Nací en San Juan Sacatepéquez pero crecí en la capital. Pero allá en San Juan todavía está mi madrecita. Allí en la casa de mi abuelo pasábamos las navidades”, recuerda.
“Llegué a Los Angeles en 1985, a los 22 años. Tengo casi 63 y he pasado más tiempo acá que allá, pero Guatemala sigue viva siempre en mi corazón, y conozco a muchos guatemaltecos aquí”.
Aquella primera noche llegó sin saber inglés, con hambre y sin dinero tras haber cruzado la frontera en Tijuana, pero con grandes esperanzas. “Lo primero que vine a comer fue un burrito, en una calle. No habíamos comido como tres días”.
Encuentra ángeles al llegar a Los Angeles
“Llegué sábado y el lunes fui a buscar trabajo con un amigo. Fuimos a un restaurante y no nos contrataron. Pero enfrente había una construcción. Salieron dos personas, gringos, de ojos azules… no sabían español y nosotros no sabíamos inglés. No sé como nos logramos entender, pero nos dijeron: ¡Vengan mañana!. Y al día siguiente ya estaba trabajando en construcción. Ellos nos enseñaron”, cuenta.
Félix Rac era sastre en Guatemala, pero aprendió a trabajar la madera gracias a la paciencia de quienes hoy recuerda como verdaderos ángeles: “Sin conocerme, me dieron la gran mano en el nombre de Dios”.
“Con ellos aprendí mejor el inglés“, cuenta el diácono Félix, quien durante tres décadas ha trabajado como carpintero y personal de mantenimiento en una colonia de jubilados. “Reparo puertas, gabinetes, ventanas, lo que se necesita”.
¿Y cómo se convirtió en diácono?
La fe, explica, viene de casa. “Creo que por la semilla de mis padres, que me enseñaron la fe católica”. En Los Ángeles se integró a un coro parroquial. Pero con el tiempo sintió otro llamado al servicio espiritual. “Yo decía: Dios no solo me ha traído aquí para trabajar”. Pensó en el sacerdocio, asistió a retiros vocacionales, pero no fue su camino.
“Una monja me dijo: ‘¿Y no te gustaría ser diácono?’ Yo no sabía qué era eso”. Básicamente un ministro laico para el apoyo espiritual de la comunidad. No fue fácil. Aplicó dos veces al programa, sin éxito. Pero Félix persistió.
“Las primeras dos no me llamaron… hasta la tercera vez logré ingresar”. Estudió cinco años y fue ordenado en 2003. “Llevo 22 años de ser diácono. Fui ordenado por el cardenal Roger Mahoney”.
Félix define el diaconado con claridad: “La misión no es solo dentro de la iglesia, sino sobre todo afuera”. Acompañar al enfermo, al que tiene hambre, a las familias con conflictos, a las personas privadas de libertad. “Tratar de llevar una luz entre problemas de familia, de hijos, incluso de trabajo. Me llamaban de diferentes parroquias, comunidades mexicanas y guatemaltecas”.
Aunque su asignación formal es en la parroquia de Cristo Rey, su presencia se volvió habitual en el templo Santa Cecilia, donde se venera al Santo Cristo de Esquipulas conocido como El Cristo Mojado. “Todo el año acuden personas a venerarlo, pero en su día el 15 de enero, se llena la Iglesia. Se ven lágrimas, se ven sonrisas, agradecimiento, plegarias”. Este año se suspendió la tradicional procesión, debido a la situación migratoria imperante.
A lo largo del año, Félix coordina también la devoción del Cristo Peregrino, una réplica del Señor de Esquipulas que va recorriendo hogares en varias ciudades de California. Esta actividad sigue ininterrumpida. “Participan niños, jóvenes, adultos, personas mayores… de México, El Salvador, Guatemala, Belice. Rezamos por todas las necesidades materiales y espirituales, tanto aquí en Los Estados Unidos como en todos los países de origen”
“El Cristo peregrino va casa por casa… rezamos y también compartimos atol de elote, café, chuchitos, rellenitos”. Para Félix, esa convivencia es tan importante como la liturgia
El sueño de aportar a su tierra
Félix Rac no habla de su futuro como un plan cerrado. Habla de sueños. “Mi primer sueño es volver a aprender mi idioma maya kaqchikel”. Otro es regresar a Guatemala. “Hacer algo, aunque sea pequeñito, para impulsar la educación y también la fe en su lugar de origen”.
La pregunta que sigue acompañándolo: “¿Qué es lo que Dios desea que yo haga, además de trabajar y ser diácono? Estoy para servirle a él y al prójimo”.
Félix sonríe antes de despedirnos, cuando le hago el comentario de que él es un carpintero al servicio del Carpintero de Galilea, que dio su vida por todos.
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