La fachada amarilla y blanca de La Merced es un ícono de la Antigua Guatemala, pero en las ruinas de su convento se asoma la legendaria magnificencia colonial (más si la visitas de noche)
En el corazón de Antigua Guatemala, el Templo de La Merced irrumpe con su inconfundible amarillo y su exuberante ornamentación barroca como un símbolo de fe, resistencia y arte colonial. Es, sin exagerar, una de las joyas coloniales más icónicas de Guatemala. Pero las ruinas de su convento, a pesar del tiempo reflejan magnificencia y señorío.
Por eso vale la pena ver en detalle algunas imágenes de este imponente conjunto monumental de la ciudad colonial. Y si tiene tiempo, puede visitarlo en horarios nocturnos, cuando no solo sus detalles adquieren caracter de leyenda, sino que la misma ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala brilla con más esplendor.
Un emblema del barroco
La Orden de Nuestra Señora de la Merced se estableció en la antigua capital del Reino de Guatemala en el siglo XVI, pero el templo actual fue construido entre 1749 y 1767 bajo la dirección del arquitecto Juan de Dios Estrada.
Su diseño no solo buscó el esplendor estético propio del barroco, sino también la solidez estructural necesaria en una región marcada por la actividad sísmica.
Por ello, la iglesia presenta muros gruesos, proporciones horizontales y campanarios bajos y robustos, características que le permitieron resistir los devastadores terremotos de Santa Marta, que empezaron el 29 de julio de 1773 que obligaron al traslado de la capital.
Detalles que hacen única La Merced antigüeña
Su fachada es uno de los ejemplos más notables del barroco guatemalteco. Está ricamente decorada con estuco blanco que forma relieves vegetales, columnas salomónicas, nichos y escudos mercedarios que contrastan con el fondo amarillo intenso.
En el centro se eleva la imagen de San Pedro Nolasco, fundador de la orden mercedaria, redentora de cautivos, acompañada de símbolos marianos. Cada detalle refleja la fusión entre el arte europeo y la sensibilidad artesanal local.
El conjunto conventual, hoy parcialmente en ruinas, conserva uno de sus mayores tesoros: la monumental Fuente de los Pescados, en el patio principal.
Con aproximadamente 27 metros de diámetro, es considerada una de las fuentes coloniales más grandes de Hispanoamérica.
Vale la pena recorrerla
Sus corredores de arcos evocan la vida monástica que durante siglos animó este espacio. Con un pago por ingreso, que sirve para el mantenimiento del conjunto, se pueden recorrer sus corredores y también sus terrazas. Incluso es posible caminar en el techo del templo, aunque con cuidado de no pararse sobre las bóvedas circulares.
Desde el techo se puede apreciar el Arco de Santa Catalina, pero también los techos de la ciudad colonial, que maravilla a propios y extraños. La visión nocturna, con los campanarios iluminados y también la iluminación sobre las dos naves laterales, constituye una experiencia deslumbrante.
Más que un monumento, La Merced de Antigua es una declaración de identidad. Es memoria de la antigua capital, testimonio de ingeniería colonial adaptada a la tierra volcánica y escenario permanente de la vida espiritual y cultural de Guatemala.
También es espacio de fe, porque la actividad religiosa prosigue hasta la fecha con la orden Mercedaria. Su silueta, firme frente al tiempo y los terremotos, resume la historia misma de Antigua: belleza, fe y resistencia.
Horarios de visita: De lunes a domingo de 9 a 20 horas. Costo de ingreso Q20 por persona ciudadanos guatemaltecos. Visitantes extranjeros Q40.
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