Dios es Amor. Y por eso cómo llegó un Cristo de Esquipulas desde Los Ocotes, Guatemala hasta una parroquia de Chicago IL, gracias a la devoción de dos esposos guatemaltecos es un rayito de ese gran amor. Rita Albizures cuenta.
La fe cruza fronteras. Entra en las casas. Ilumina vidas. Insiste cuando le dicen que no y siempre espera. En Chicago, una imagen del Cristo de Esquipulas guarda una historia tejida con nostalgia, perseverancia y amor profundo: la de Rita y Benjamín Albizures, esposos guatemaltecos que llegaron a Estados Unidos en 1981. “Uno sale de su país y la fe se la lleva uno”, dice Rita.
Cada 15 de enero, Día del Señor de Esquipulas, fieles guatemaltecos y centroamericanos acuden -así como en muchos templos de Estados Unidos- a la parroquia Nuestra Señora de las Mercedes, en Chicago, donde se venera la imagen del Cristo que Benjamín mandó a tallar en Guatemala.
En ese Cristo hay devoción, hay memoria, plegarias, la vida de un buen hombre que ya no está, pero sigue presente. “La gente sabe que si no fuera por Benjamín, este Cristo no estaría aquí”, cuenta Rita. Y esta es la historia de un gran amor detrás del Cristo de Esquipulas en el centro de Chicago.
Dos jóvenes migrantes devotos
“Cuando llegamos a este país, en 1981, ya había una familia que celebraba al Señor de Esquipulas, pero no tenían coro”, recuerda Rita. Una amiga de esa familia preguntó: ‘¿No sabes quién conoce un canto del Señor de Esquipulas?’ ‘Pues acaban de llegar unos jóvenes desde Guatemala, les voy a preguntar'”, fue la respuesta.
Esos jóvenes eran Rita y Benjamín, originarios de Palencia, Guatemala. Ella de aldea La Cebadilla y él de Los Mixcos. “Yo siempre estuve en coros en la capital, así que ahí empezamos”, cuenta Rita. La celebración era pequeña, casi íntima, sostenida por la nostalgia.
"¿Y porqué no celebra al Señor de Esquipulas?"
Rita menciona a doña Catalina de García como una de las pioneras. “Ella empezó un año antes, fue de las primeras”, dice. Con el tiempo, la devoción creció y se fue organizando en la iglesia de Lourdes. Posteriormente los esposos se mudaron y empezaron a ir a la parroquia de La Merced, en el centro de Chicago, donde no había celebración.
Un día, Rita preguntó. “Le dije al párroco: Padre, esta iglesia tiene tantos devotos guatemaltecos, ¿por qué no celebra al Señor de Esquipulas? Y él me respondió: Pues yo te preguntaría lo mismo a tí: ¿Por qué no se celebra?”. Aquello encendió el entusiasmo.
Cristo tallado en Guatemala cruza fronteras
“Nosotros empezamos la celebración en Nuestra Señora de la Merced en el 2005”, explica. Rita asumió la tarea del coro: “Éramos como 20 personas, con instrumentos, con marimba”. Pero hacía falta algo y no era la fe. Pero hasta entonces, seguían prestando una imagen.
En 2010, Benjamín -quien trabajaba en bienes raíces- tomó una decisión que marcaría todo. “Él decidió traer una imagen”, cuenta Rita, quien labora hasta la fecha en el área administrativa de un hospital.
“Benjamín la mandó a esculpir en Guatemala, en una aldea llamada Santo Domingo Los Ocotes. Había allí un señor que tallaba imágenes. No sé cuánto costó. Pero cuando estuvo lista, Benjamín mandó traerla: es una imagen muy linda, muy bella”. “Nos la mandaron por aduana y cuando llegó tenía un bracito maltratado. Benjamín lo mandó a arreglar”, recuerda. Aquel primer año la bendijeron con una gran fiesta. Le tenían un espacio especial en su casa.
Y en cada 15 de enero la llevaban a la iglesia La Merced. El Cristo iba y venía. “La llevábamos y la traíamos”, dice Rita. En 2015, Rita preguntó: “Padre ¿será que nos da un lugar para que la imagen se pueda quedar?. Y él respondió que no había espacio, que ya había muchas imágenes”.
Cuando la fe convierte un NO en un llamado
En 2016 llegó un nuevo párroco y venía la fiesta del 15 de enero de 2017 “Me dijo: ¿Dónde está la imagen del Señor de Esquipulas? En la casa. ¿Y por qué está en tu casa?”. Rita le explicó.
“Me dijo: Si esta es una celebración tradicional de la parroquia, ya no puede regresar a tu casa. Aquí le haremos un altar”. Rita casi llora al relatarlo, porque la noticia fue de gran alegría para Benjamín, quien para entonces ya estaba luchando contra un cáncer.
El 15 de enero de 2017, durante la misa, el sacerdote anunció: “Desde ahora el Cristo de Esquipulas ya tiene un hogar permanente en Nuestra Señora de la Merced, para que todos los fieles vengan a venerarlo todo el año. Lo colocaremos cerca de la entrada, pero le haremos su altar de veneracion permanente”, confiesa. “Yo lloré de alegría. En ese tiempo, ya Benjamín estaba malito. En cada fiesta siempre se vestía con traje tradicional indígena y bailaba delante de la imagen, pero ese año, ya no”.
“Y desde aquel enero de 2017 el Cristo de Esquipulas está en veneración. Benjamín murió en octubre siguiente”, dice Rita. “Luchó cuatro años contra el cáncer. Pero alcanzó a ver cumplido su gran sueño. Él me decía: Siento un espacio vacío en casa sin mi Cristo, pero ahora tengo la alegría de saber que muchos más devotos irán a venerarlo siempre”, recuerda.
Listos para la fiesta del 15 de enero otra vez
Rita nunca olvida que en sus viajes a Guatemala siempre incluían la visita a la Basílica de Esquipulas. “Benjamín decía que si uno es católico y viaja a Guatemala pero no va a la Basílica, es como si no hubiera ido. Él ya no está, pero el Señor de Esquipulas sigue aquí”.
Ya están sonando los cantos con marimba al Señor de Esquipulas en Nuestra Señora de la Merced para la fiesta del 15. La imagen tiene su altar con una réplica de la bóveda de la Basílica y una bandera de Guatemala a la par. “La fe y devoción de Benjamín ayudó a que llegara este Cristo acá”. Y en el silencio, entre flores y velas, está el Señor de Esquipulas en el centro de Chicago. Y con él un amor que floreció, cruzó fronteras y nunca se olvidará.
La fe no tiene fronteras













