En el Día del Niño es necesario recordar que miles de niños migrantes se encuentran en una ruta incierta porque por su misma inocencia dependen de las decisiones de padres, familiareso a veces de nadie.
Cada 1.º de octubre, se conmemora el Día del Niño recordando que la infancia es una etapa fundamental de la vida humana: un tiempo para jugar, soñar, aprender… para simplemente serr niño o niña, con alegría, cariño, sonrisas y una adecuada formación.
Lamentablemente para miles de niñas y niños migrantes —solos o acompañados— cada día se ha convertido en un camino por la supervivencia. El Día del Niño los sorprende quizá en una carretera, tal vez en una calle de un país cuyo nombre ni siqueira saben, tal vez en un centro de detención o en un hogar de acogida mientras se define su deportación.
Recientemente, una corte de Estados Unidos frenó la deportación de niños guatemaltecos, bajo argumentos humanitarios que valoran precisamente su condición de edad y las perspectivas de futuro que tienen en esa nación. Más allá de las circunstancias en las cuales arribaron a ese territorio, su bienestar, seguridad y protección son una prioridad sin fronteras.
Muchos niños emprendieron el viaje solos desde el inicio, ya porque sus padres los mandaron a traer, o bien porque simplemente huyeron de la violencia, la pobreza, las pandillas y otras amenazas. Pero el camino incierto está plagado de grandes riesgos y es allí donde los Estados, las organizaciones, los gobiernos, las iglesias y también los ciudadanos locales pueden tener gestos de auténtica valoración y solidaridad con esa infancia.
Los vuelos de retornados a Guatemala incluyen en cada embarque a decenas de menores que deben ser reintegrados a sus comunidades de origen, de ser posible a familiares, para que puedan proseguir su vida y quizá resguardar algo de esa inocencia que ya ha conocido el frío, la soledad, el miedo, el cansancio, la sed…
Pero aunque no estén en su país, los niños y niñas merecen contar con la protección decidida de las autoridades locales, porque la niñez es como una inmensa nación unida por la inocencia como identidad primaria, por la esperanza como pasaporte y por la alegría como lenguaje.
Los niños albergados en centros de detención deben tener garantizado su derecho a la salud, a la alimentación y también a la educación, para que el desarraigo no se convierta en una marca incurable.
Ningún niño debería vivir la penuria de errar por territorio extraño, pero lamentablemente las condiciones de rezago social y económico empujan a sus padres y familias al éxodo. Y por eso es tan valioso el papel de las personas e instituciones que se dedican a mostrarles que en el mundo aún hay bondad.
Es complicado poder decir simplemente ¡Feliz día del Niño! a un pequeño que está solo, o con una sensación de desprotecciónen una nación que no es la suya, en un lugar que quizá ni siquiera habla en su idioma materno. Pero cada gesto cuenta y no hay auxilio pequeño si este marca la diferencia de una sonrisa de una niña o un niño en este día.














