La guatemalteca Elisa Fernanda Pirir llegó a Noruega hace 17 años sin saber inglés y menos aún noruego. No imaginaba que sería cineasta y que tendría su propia productora. Su vida misma es el guión de una película que se podría llamar: "Elisa halló un gran sueño que no buscaba".
Elisa Fernanda Pirir recuerda su primer día en Noruega: “Estaba frío y oscuro. Me salió sangre de nariz por lo helado que estaba”. Y recuerda la fecha exacta: 3 de abril de 2007 a las 8 de la noche. La migración ocurrió porque su mamá se trasladó a ese país.
“Tenía 17 años, todavía estaba en secundaria y fui a la escuela, pero no sabía ni inglés ni noruego. De hecho aprendí inglés después de aprender noruego”, dice con media risa y algo de incredulidad. Le llevó un año entero solo para alcanzar lo básico de aquel idioma nórdico. “Además en Trömso no había gente latina, no tenía amigos y podía hablar con nadie. No podía”.
Y fue en ese silencio obligatorio, donde el cine la encontró a ella. Se graduó de la Escuela de Cine en 2016, ha trabajado en cortos y largometrajes. Durante la pausa forzada de la pandemia decidió fundar su propia productora: Stäer, palabra noruega que significa “estornino”: un ave migrante que viaja miles de kilómetros y siempre regresa. Elisa entendió que esa metáfora la representa, porque gran sueño actual tiene que ver con Guatemala.
Un desafío migrante: aprender todo de nuevo
Elisa habla con sinceridad sobre aquellos primeros años migrantes: “No solo era el idioma: tuve que aprender ciencias otra vez, matemática otra vez, geografía otra vez… todo.” La adaptación fue desafiante.
Pero agradece un rasgo que hoy atribuye a los guatemaltecos: la persistencia. “En Guatemala no se nos da tirar la toalla. Uno insiste e insiste hasta que sale…” Esa necedad, dice, fue lo que la sostuvo y también algo más.
Mientras aprendía el idioma y trataba de integrarse, Elisa asistió a una casa de la cultura en Trömso.
“Esa institución estaba dedicada a orientar a adolescentes, a integrarlos a causa de algún problema social. Yo no podía comunicarme, así que me dieron una videocámara como una técnica, una herramienta”. No sabía que el cine había llegado a su vida.
El cine: un camino de ascenso
Elisa se graduó de la Escuela de Cine, produjo proyectos estudiantiles, y a los 22 años estrenó su primer largometraje. Su primer impacto internacional llegó al participar en la producción de Pájaros de Verano, una película colombiana que se volvió puerta de retorno a Latinoamérica desde el gélido norte.
Fue también un reencuentro emocional. Siempre extrañó volver a Guatemala y cuando por fin pudo hacerlo se topó con la paradoja del migrante: “No hay como regresar, porque aunque vuelvas, el país que recuerdas ya no existe, ni los amigos, ni la colonia ni la vida tal como la recordabas”. Y en esa ruta, el cine fue respuesta, ruta, vínculo, memoria.
Elisa se ha especializado en producción, sobre todo en buscar financiamientos. Ha trabajado con directores y proyectos de Europa, África y América Latina que han ido a festivales como Cannes, Berlín y San Sebastián.
Empezó a construir un nombre propio dentro de la coproducción internacional. De hecho ha participado en programas de mentorías para impulsar a más mujeres productoras de cine.
Elisa lanza a volar con su productora
“El COVID derrumbó toda la estabilidad.” dice. Y por primera vez se preguntó algo clave: “¿Por qué sigo construyendo sueños ajenos?” Tenía miedo, no tenía muchos ahorros ni nadie a quien pedirle dinero, no tenía garantías de éxito… hasta que un día se hizo una pregunta clave: “¿Qué es lo peor que puede pasar?”.
Desde el encierro en su casa nació el proyecto de Stäer, inspirada en los estorninos, esos pájaros migratorios que cruzan continentes y vuelven en enormes nubes ondulantes. El nombre nórdico también era estratégico: “Yo quería que sonara noruego para que no pensaran que era extranjera.”
El resultado superó cualquier cálculo. En solo dos años, Stäer produjo o coprodujo 16 proyectos internacionales, ganó premios en Karlovy Vary, participó en Berlín, estrenó en Cannes y ha tenido algunas producciones en la lista corta previa a la nominación al Oscar. Aún así, no ha sido fácil. “He tenido días en los que digo: ¿por qué no me hice florista?”, bromea. “Pero seguimos adelante.”
El más reciente proyecto de coproducción
Entre los proyectos que tocaron su puerta llegó uno complejo y políticamente delicado: Palestina 36. La directora, reconocida en Cannes, buscaba un equipo sensible al contexto. Elisa aceptó el reto.
“Nos costó muchísimo encontrar financiamiento, pero poco a poco se logró. Es una producción impresionante”. Hoy la película está en la lista corta rumbo a la nominación del Oscar. El elenco incluye figuras como Jeremy Irons, y la cinta ya se vendió en México, Estados Unidos, Reino Unido y Noruega.
Para una productora pequeña, dirigida por una migrante guatemalteca, eso significa haber llegado lejos. Muy lejos. Como el ave migratoria.
2022: regresó a filmar en Lívingston, Izabal
En 2022 Elisa Fernanda Pirir regresó a Guatemala para filmar Liremu Barana, un cortometraje sobre una historia garífuna. Ese retorno fue hermoso y duro. Su trabajo fue siempre en producción y búsqueda de financiamiento.
“Guatemala es increíblemente hermosa, pero no tiene industria de cine. Ni siquiera tiene instituto de cine. Y al buscar apoyos, nadie te ayuda”. El proyecto se realizó y recibió buenas críticas. También llegó a la lista corta del Oscar.
Liremu obtuvo un premio en el Festival de Cortometrajes de Noruega 2020 y fue nominada en otros cuatro festivales internacionales.
El gran sueño guatemalteco de Elisa
Acerca de lo que más valora de ser guatemalteca, Elisa no duda en decir: “La persistencia. No rendirse. Esa cosa que te lleva a chingar hasta que salga. Insistir. Estamos acostumbrados a las adversidades y por eso luchamos siempre”.
Y cuando se le pregunta cuál es su próximo gran sueño, responde con una claridad conmovedora: “Hacer una película en Guatemala. No sé cuándo, no sé cómo, pero lo vamos a hacer”. Y viendo todo lo que ha logrado desde aquel pueblo frío y oscuro donde el cine la encontró, donde no sabía el idioma ni conocía a nadie, es seguro que Elisa lo logrará.
Talento fílmico guatemalteco sin fronteras













