Migrantes guatemaltecos tienen el monto promedio más alto de envío de remesas familiares, pero la tendencia de envío de recursos desde Estados Unidos creció debido al temor a capturas y deportaciones.
2025 será recordado como uno de los años más intensos para las remesas hacia América Latina y el Caribe, señala el informe Remittance Transfers in 2025: The Year in Review del Diálogo Interamericano. La región registró uno de los crecimientos más altos de remesas de la última década en el continente y ello incluye a Guatemala, en un contexto de mayor control migratorio y deportaciones desde Estados Unidos.
Miedo, deportaciones y el “envío por precaución”
Lo que hace especial a 2025 no fue tanto un aumento en el número de migrantes, sino la forma en que estos eligen proteger a sus familias desde lejos. Con un clima de mayor presión migratoria y políticas más estrictas en EE. UU., muchos migrantes optaron por aumentar lo que envían antes de un posible retorno forzado —un patrón que expertos han denominado como el envío por precaución.
Este fenómeno se traduce en un crecimiento de montos promedios que, en el caso de Guatemala, ha sido notable: en varios meses de 2025 los promedios mensuales superaron significativamente los niveles del año anterior, reflejando una mayor urgencia de enviar dinero.
Tres factores clave
El informe del Diálogo Interamericano destaca tres factores clave que influyeron en las cifras de 2025:
Deportaciones y restricciones migratorias: un endurecimiento de las políticas de EE. UU. creó un clima de incertidumbre que empujó a muchos migrantes a enviar más dinero mientras puedan. Sin embargo, como dato adicional a lo descrito por el Diálogo Latinoamericano, en el caso de Guatemala, las deportaciones durante 2025 disminuyeron respecto del año anterior.
Discusión sobre impuestos a las remesas: propuestas legislativas como el “One Big Beautiful Bill” que incluyen gravámenes a las transferencias provocaron debates sobre el costo de enviar dinero, aunque su impacto definitivo aún está por verse.
Cambio en canales de envío: aumentó el uso de transferencias digitales y depósitos directos, desplazando parcialmente los envíos en efectivo tradicionales (una tendencia que expertos creen seguirá en 2026). thedialogue.org
Para millones de familias guatemaltecas, las remesas no son solo cifras macroeconómicas: representan la oportunidad de salir del umbral de pobreza, y poder destinar más recursos al sustento diario, la educación de los hijos, la salud y la estabilidad familiar, que son los principales rubros a cubrir.
Pero aunque 2025 cerró con dados alentadores, algunos economistas advierten que es posible que el ritmo de crecimiento se desacelere en 2026, a medida que aumenten los costos de vida en EE. UU. y los migrantes destinen más de sus ingresos a gastos domésticos, reduciendo lo que pueden enviar.
Impuesto a remesas: costo y posibles cambios de hábito
Una de las políticas más disruptivas de 2025 fue el impuesto del 1% a las remesas en efectivo, incluido en la ley conocida como Big Beautiful Bill. Este gravamen afecta a casi la mitad de los remitentes, ya que, aunque el 80% de los migrantes tiene cuenta bancaria, el 45% sigue prefiriendo enviar dinero en efectivo a través de agentes físicos.
El informe del Diálogo Interamericano destaca que este impuesto no solo añade un costo de aproximadamente 4 dólares por transacción sino que puede alterar las vías de envío. Como resultado, se espera que al menos una cuarta parte de quienes envían efectivo migren hacia canales digitales para evitar el cobro, señala el informe.
Variante en la industria de remesas
Actualmente, los depósitos directos en cuentas bancarias están en auge: representan más del 50% de las transferencias a México y más del 30% en países como Guatemala y Honduras.
Sin embargo, los expertos advierten que esta bonanza no es sostenible para 2026. Los migrantes ya están destinando más del 15% de sus ingresos al envío de dinero y se estima que el ciclo de aumento en los montos promedio podría agotarse para abril de 2026.
Una metáfora final
Segun el análisis del Diálogo Interamericano, el flujo de remesas en 2025 se asemeja a una cisterna que se está vaciando a gran velocidad: ante la sequía inminente (las deportaciones y el cierre de fronteras), los usuarios están abriendo las llaves al máximo para aprovechar cada gota de agua (dinero) mientras puedan, pero como la cisterna no se está rellenando con agua nueva (nuevos migrantes), el sistema corre el riesgo de quedar seco en el corto plazo. Está por verse si el envío de remesas se comporta así en el año.
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