Karen Daniela Rodríguez forma parte de la directiva de Kiss the ground, iniciativa que impulsa la agricultura sostenible y regenerativa: vive en California pero también pasa temporadas muy cerca del lago más hermoso del mundo.
La historia de Karen Daniela Rodríguez comienza con un viaje que apenas recuerda. Como muchos niños migrantes, su vida quedó marcada desde muy temprano por el movimiento entre países.
“Llegué en 1983… tenía como un año y medio. Mi mamá me llevó muy pequeña, no se quiso separar de mí. Ella salió de aquí, de la capital de Guatemala”, recuerda, en entrevista desde Atitlán, donde reside por temporadas para después volver a California.
La infancia de Karen transcurrió en Estados Unidos, pero los primeros años estuvieron marcados por una experiencia difícil, de enfermedad “Estuve en el hospital por muchos años… me trataron desde los dos años hasta los doce”, cuenta. Durante mucho tiempo los médicos no lograban entender la causa. “Finalmente descubrieron que se trataba de leucemia”.
Sanando, creciendo, aprendiendo
Mirando hacia atrás, Karen entiende que aquel desafío de salud a temprana edad despertó muy temprano una inquietud profunda. “Eso me hizo preguntarme muy rápido qué quiere decir salud… qué significa realmente estar sano”.
Creció en Estados Unidos construyendo su vida entre culturas, idiomas y experiencias distintas. Sin embargo, esa pregunta fundamental sobre la salud y la vida siguió acompañándola durante años.
La respuesta, curiosamente, no aparecería en un hospital ni en un laboratorio. Llegaría mucho después. “Empecé a observar algo que la mayoría de las personas nunca mira con atención: el suelo. Porque de él vienen los alimentos, los vegetales, los minerales, los nutrientes”. Y si su paso de la niñez a la adultez fue sanar, crecer y aprender… en los siguientes años su acción a favor de la tierra transformó su ciclo en aprender, crecer y sanar.
El suelo: un universo bajo nuestros pies
Cuando tenía 20 años, Karen comenzó a trabajar en restaurantes especializados en gastronomía consciente y orgánica en California. Aquella experiencia le permitió comprender mejor el sistema alimentario.
“Para que una sola persona tenga comida en su plato, participan como dieciséis personas en toda la cadena”, explica. Agricultores, transportistas, productores y cocineros forman parte de un proceso complejo que hace posible algo cotidiano: comer.
Pero durante mucho tiempo había una pieza fundamental que casi nadie mencionaba. “Yo había trabajado en casi todos los pasos de la comida… pero nunca había mirado realmente al suelo, su valor clave”, dice.
Ese descubrimiento cambiaría su perspectiva para siempre. Cuando comenzó a estudiar cómo funciona la tierra agrícola, Karen descubrió un universo invisible lleno de vida. “El suelo está diseñado para la nutrición, para la abundancia, pero a menudo se le trata mal”, explica.
Debajo de nuestros pies existe un sistema complejo de microorganismos, bacterias y hongos que permiten que crezcan las plantas y que los ecosistemas se mantengan saludables. “El suelo tiene microorganismos, tiene azúcares, tiene hongos… tiene ciclos completos de vida”, afirma.
Esa comprensión la llevó a involucrarse en proyectos comunitarios de regeneración de suelos en Los Ángeles.
Cuando la tierra también puede sanar
Uno de esos proyectos ocurrió en un pequeño terreno urbano. Cuando analizaron el suelo por primera vez descubrieron que estaba contaminado con plomo, un problema común en muchas ciudades estadounidenses. Pero en lugar de desalojar el lugar, decidieron iniciar un proceso de regeneración. “Empezamos a sembrar girasoles y otras plantas que ayudan a sacar las toxinas del suelo”, recuerda.
Durante cinco años trabajaron en ese pequeño jardín urbano. Lo que ocurrió fue más allá de lo agrícola. “La regeneración del suelo hizo que la comunidad también se regenerara”, dice. Y así de esas experiencias y conversaciones nació una organización que hoy tiene impacto internacional: Kiss the Ground, dedicada a promover prácticas de agricultura regenerativa.
El nombre surgió de un verso del poeta sufí Rumi. “Hay mil maneras de arrodillarse y besar la tierra”, recuerda Karen. Cuando escucharon esa frase, supieron que resumía perfectamente la filosofía del movimiento.
Contar una nueva historia sobre la tierra
Desde entonces, Karen ha dedicado más de una década a explicar por qué el suelo es fundamental para el futuro del planeta. También en Guatemala. Su trabajo consiste en traducir ciencia compleja a un lenguaje accesible para comunidades, agricultores y consumidores.
“Nuestro trabajo es encontrar nuevas formas de contar la historia del suelo”, explica. Según dice, muchas personas solo ven el valor económico inmediato de la tierra. “Muchas veces la gente solo ve el valor económico inmediato de la tierra… pero no ve todo el sistema de vida que existe allí”.
Volver a Guatemala con otra mirada
Hoy Karen divide su tiempo entre Estados Unidos y Guatemala. En el país pasa temporadas cerca del Lago de Atitlán, uno de los paisajes naturales más emblemáticos del país y de toda Centro América.
“Santiago Atitlán tiene una energía muy especial… casi se siente como un portal en el tiempo”, dice.
Cuando comparte su trabajo sobre regeneración de suelos en comunidades guatemaltecas, suele recordar que muchas de estas prácticas tienen raíces muy antiguas. “Cuando aquí me dicen ‘tú eres Kiss the Ground’, me confunde un poco… ustedes son pueblos mayas, ustedes ya saben todo esto”.
Una misión que apenas comienza
La historia de Karen Rodríguez es la de una migrante que encontró su vocación en algo que casi nadie observa: el suelo.
Hoy su trabajo forma parte de un movimiento global que busca restaurar los sistemas naturales que sostienen la vida. “Es un milagro que estemos aquí… es un milagro que esa pequeña capa de suelo pueda sostener toda la vida”.
Desde California hasta Guatemala, su mensaje es simple pero profundo: cuidar la tierra es cuidar nuestro propio futuro.
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