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El sueño guatemalteco de Gloria florece en San José Poaquil con huevos, café y una familia reunida

Gloria González Jorge, de Hacienda Vieja, San José Poaquil, Chimaltengo emprendió una crianza de gallinas con apoyo de su esposo, migrante en Nueva Jersey. El primer intento falló. Pero logró recuperarse con asesoría técnica impulsada por otro migrante y en 2025 la familia se reunificó.

“Durante diez años que mi esposo estuvo en Estados Unidos, tuve que ser padre y madre para mis hijos. Pero los sacamos adelante”, dice Gloria Estela González Jorge, emprendedora kaqchikel. Vive en su aldea natal Hacienda Vieja, San José Poaquil, Chimaltenango. Desde allí se divisan las montañas del vecino departamento de Quiché.

Gloria sigue madrugando como todos los días para ir a alimentar a sus  gallinas (que al momento de la visita son 800), cosecha los huevos que después venderá (500 a 600 diarios). Apoya a otras vecinas a vender los de ellas. “Las gallinas son delicadas, si uno no está pendiente, se enferman. Esto no es solo tenerlas y ya”, dice. Es proveedora de huevos de la refacción escolar en la escuela local y también vende gallinas. Junto a su hijo cuidan una plantación de café.

Ella trabajó duro para levantar la crianza y encontrar apoyo técnico, pero también fue clave aporte de su esposo Moisés Gabriel, quien trabajó en construcción en Nueva Jersey. Poco antes de la segunda llegada de Trump a la Casa Blanca Moisés decidió regresar a su pueblo para trabajar en el emprendimiento familiar pero sobre todo para estar unidos como familia.  

En 7 pequeños capítulos te presentamos la historia de un sueño guatemalteco floreciendo en Poaquil.

Lograr la mejora en el cultivo y procesado del café que produce en su terreno es la siguiente gran meta de Gloria Gonzalez, de su hijo Lucas Gabriel y de toda la familia. (Foto Gustavo Montenegro en aldea Hacienda Vieja, San José Poaquí, Chimaltenango)
Lograr la mejora en el cultivo y procesado del café que produce en su terreno es la siguiente gran meta de Gloria Gonzalez, de su hijo Lucas Gabriel y de toda la familia. (Foto Gustavo Montenegro en aldea Hacienda Vieja, San José Poaquí, Chimaltenango)

1. Cosecha perdida y una difícil separación

Los esposos Gloria y Moisés cultivaban verduras en San José Poaquil. Era un trabajo intenso, pero constante. Apostaron por una plantación de ejote, pero aquel año 2015 se derrumbaron los precios. 

“Se perdió la cosecha… ya no sacamos nada. Solo 50 centavos pagaban la libra. Todo lo que habíamos trabajado se quedó ahí. El gasto sí lo habíamos hecho, prestamos dinero, pero la ganancia ya no vino.” La inversión en semillas, abono y tiempo de trabajo no se recuperó. Las deudas comenzaron a presionar. “Uno piensa que al menos va a sacar para pagar lo que pidió fiado, pero ni eso. Ya no había cómo sostener la casa.”

Fue entonces cuando su esposo tomó la decisión de migrar. “Él dijo: me voy porque aquí ya no hay salida. No es que uno quiera irse, es que a veces no queda otra.” cuenta Gloria. El camino no fue fácil. Moisés se perdió en el desierto. “Cuando no hallaba más para donde agarrar, una muchacha lo llamó y le dijo, crucemos por aquí. Así logró llegar”, relata Gloria, quien considera que aquella joven era un ángel.

Gloria se encuentra con una de sus hijas y su nieto Caleb, en el camino de Hacienda Vieja hacia San José Poaquíl: un camino de tiempos que le llevó de niña a huir, de adolescente a volver, de adulta a ver partir a su esposo Gabriel como migrante y también a ir al aeropuerto a traerlo para seguir construyendo más camino. (Foto Gustavo Montenegro)
Gloria se encuentra con una de sus hijas y su nieto Caleb, en el camino de Hacienda Vieja hacia San José Poaquíl: un camino de tiempos que le llevó de niña a huir, de adolescente a volver, de adulta a ver partir a su esposo Gabriel como migrante y también a ir al aeropuerto a traerlo para seguir construyendo más camino. (Foto Gustavo Montenegro)

2. El viaje, la distancia y la ausencia

La migración trajo ingresos, pero también ausencia. “Cuando él se fue, yo me quedé con todo. Yo hacía el papel de papá y mamá. Si había reunión en la escuela, ahí estaba yo. Si había enfermedad, yo resolvía.” 

Gloria era previsora: “Yo también iba ahorrando. Con lo que él mandaba fuimos pagando un terreno cercano. Yo decía: esto algún día nos va a servir, aunque no sepamos todavía para qué.”

Dos de sus hijos estudiaron enfermería: uno trabaja en un hospital y la otra atiende una farmacia en Hacienda Vieja, donde también hace toma de presión, medición de glucosa, pone inyecciones, sueros. 

Aquel terreno, adquirido con remesas, tiene hoy una plantación de café y en una loma se levanta el gallinero, que al momento de la visita tiene 800 aves. La cosecha de  huevos es de 500 a 600 diarios.  Pero para llegar a eso, falta.

Enmedio de este bosque de sombra bajo el cual crecen y florecen los cafetos también está el gallinero sostenible de Gloria González Jorge, en Hacienda Vieja, San José Poaquíl, Chimaltenango (Foto Gustavo Montenegro)
Enmedio de este bosque de sombra bajo el cual crecen y florecen los cafetos también está el gallinero sostenible de Gloria González Jorge, en Hacienda Vieja, San José Poaquíl, Chimaltenango (Foto Gustavo Montenegro)

3. Aquí el lunes sí las gallinas también ponen

“No nos quedó nada de lo que nos mandó tu papá. Ya no había para la semana.” le comentó Gloria a una de sus hijas en aquellos días de la pandemia, cuando las economías se detuvieron (pero no las necesidades). Gloria había intentado tiempo antes una crianza de gallinas, pero todas se murieron “la peste llegó al pueblo”, cuenta ella.

En ese tiempo llegó el ingeniero agrónomo Daniel Ajpop a presentar a Poaquil un plan de crianza de aves con apoyo técnico y visión sustentable impulsada por el migrante y agrónomo Reginaldo Hasslet-Marroquín. No mucha gente le entró al plan porque requería una inversión 50-50. “A veces la gente todo lo quiere regalado. Aquí han venido a regalar gallinas, pero sin asistencia técnica, se acaban”.  

Gloria conservó el número de Ajpop en su teléfono. Lo guardó como “Ingeniero Pollo” y así lo tiene hasta hoy. De hecho el Ingeniero Pollo es quien nos llevó hasta Hacienda Vieja. 

Gloria empezó con 50 gallinas. Tuvo que acondicionar el gallinero, cambiar la alimentación de las aves, vacunarlas.  La remesa ayudó con eso. “Empecé de a poquito, porque tampoco tenía mucho. Pero yo decía, aunque sea para el desayuno alcanza”.

Pero alcanzó también para vender. Contrario a aquel dicho sobre los lunes: “Aquí el lunes también las gallinas ponen huevos… la gente viene a comprar un cartón, dos, tres. También le vendo a precio favorable a la escuela para la refacción escolar y vamos a vender a las tiendas”

El crecimiento fue gradual: 150, luego 300, después 400 gallinas. Hoy hay 800 gallinas ponedoras. Su hijo menor, Lucas, perito agrónomo, le ayuda con las tareas de crianza.

Recreación con inteligencia artificial del momento en que la madre de Gloria Gonzalez Jorge tuvo que abandonar la aldea Hacienda Vieja debido a la violencia que arrebató la vida de su esposo en la década 1980 y los forzó a huir hacia la Costa Sur.
Recreación con inteligencia artificial del momento en que la madre de Gloria Gonzalez Jorge tuvo que abandonar la aldea Hacienda Vieja debido a la violencia que arrebató la vida de su esposo en la década 1980 y los forzó a huir hacia la Costa Sur.

4. La niña que aprendió a resistir

Gloria González Jorge nació en Hacienda Vieja hace 47 años. Y desde pequeña, las adversidades golpearon a su hogar.  “Cuando yo era pequeña a mi papá lo mataron, por la violencia. Mi mamá tuvo que huir, primer en la montaña”, relata.

“Nos fuimos sin ropa… aguacate comíamos en el monte. A veces no había tortilla, nada de comer. Yo tenía 5 años. Mi mamá nos llevó a la Costa, a Tiquisate. Allí trabajó en una finca llamada Caoba. Puso una tienda. Hasta que un día pudieron volver a su aldea de San Poaquil. Gloria ya tenía 13 años”.

“Cuando regresamos a nuestra casa estaba quemada. No había nada. Pero su mamá decía, aquí nos quedamos y vamos a salir adelante”.

Esa enseñanza marcó su manera de enfrentar la vida. “Mi mamá nos enseñó que uno no se puede quedar llorando por el pasado. Hay que trabajar duro y seguir.”   

Al crecer, Gloria conoció a Moisés, se casaron. Tuvieron cuatro hijos. Cuando él migró, Gloria recordó la valentía de su mamá, como inspiración: ya conocía el camino de la fortaleza. (Su mamá aún vive, también en Hacienda Vieja).

El cacareo de las gallinas se escucha desde el otro lado de la ladera y crece conforme te acercas. Actualmente hay 800 aves y la producción ronda los 500 a 600 huevos diarios.
El cacareo de las gallinas se escucha desde el otro lado de la ladera y crece conforme te acercas. Actualmente hay 800 aves y la producción ronda los 500 a 600 huevos diarios.

5. Más que huevos: café, comunidad y apoyo

Las gallinas no son el único ingreso. También cultivan café y trabajan en mejorar su procesamiento para venderlo con mayor valor. “Ya no queremos venderlo tan barato. Porque pasan comprándolo en grano, pero aunque sea bueno, lo pagan muy bajo. Queremos trabajarlo mejor, que valga lo que es.” Lucas, su hijo, trabajaba en el secado y lavado de granos durante esta visita. 

“Yo sé lo que es no tener qué comer, por eso proveemos huevos de calidad a la refacción escolar”, comenta Gloria. Pero también ayuda a comercializar la producción de huevos y carne de gallina de otras vecinas de la aldea. “Yo no solo vendo los míos. Si otra mujer tiene huevos, yo le compro también. Así todas ganamos algo.”

El proyecto se convirtió en una red de apoyo.

El ingeniero agrónomo Daniel Ajpop hace algunas sugerencias a Lucas Gabriel González y a su mamá, Gloria González, sobre el proceso de secado del café. Un campo que usualmente tiene milpa es en este momento el campo de beneficiado artesanal. (Foto Gustavo Montenegro)
El ingeniero agrónomo Daniel Ajpop hace algunas sugerencias a Lucas Gabriel González y a su mamá, Gloria González, sobre el proceso de secado del café. Un campo que usualmente tiene milpa es en este momento el campo de beneficiado artesanal. (Foto Gustavo Montenegro)

6. El gran sueño: familia reunida de nuevo (Tía, dijo que no iba a llorar)

A finales de 2024, poco antes del segundo periodo presidencial de Donald Trump en Estados Unidos y ante lo que se temía, Moisés Gabriel, su esposo tomó otra decisión: volver. “Él miró que aquí ya estaba caminando el proyecto. Ya se oía que iba a entrar ese presidente y yo le dije: si quieres regresar, aquí hay trabajo. Ya no estamos como antes, nuestros hijos ya se graduaron, ya se defienden y podemos salir adelante juntos”.

Don Gabriel regresó en enero de 2025. “Nos fuimos todos a recibirlo al aeropuerto. Gracias a Dios porque lo dejó regresar conmigo. El me dijo lo mismo: ‘Gracias a Dios aquí estamos reunidos otra vez’. Gloria no podía decir palabra en aquel instante. Solo lloraba. Un sobrino le dijo en el camino al Aeropuerto “Tía, vas a ser fuerte, no vas a llorar, tienes que estar feliz. Pero yo cuando lo ví a él salir: solo quería llorar. ¡Tía, dijiste que no ibas a llorar!, me decían. Pero todos lloramos: de alegría”.

Aquellos terrenos que se compraron con esfuerzo, hoy son el centro del emprendimiento familiar: son la prueba de un gran sueño guatemalteco en Poaquil.

Gloria agradece a Dios por la oportunidad de seguir adelante. "Queremos enseñarle a nuestros nietos que la vida cuesta, pero que todo es posible. Puede tardar, pero con esfuerzo, llega", dice en un camino de Hacienda Vieja, San José Poaquíl, Chimaltenango.
Gloria agradece a Dios por la oportunidad de seguir adelante. "Queremos enseñarle a nuestros nietos que la vida cuesta, pero que todo es posible. Puede tardar, pero con esfuerzo, llega", dice en un camino de Hacienda Vieja, San José Poaquíl, Chimaltenango.

7. Los sueños siguen floreciendo (y dan frutos de café)

Gloria camina entre los cafetales que sonríen con sus granos rojos y amarilos. “Gracias a Dios, mis hijos ya están saliendo adelante. No se quedaron solo con primaria.”

Gloria ya es abuela. Su hija se casó y su nieto se llama Caleb. Durante el trayecto hacia el cafetal se lo encontró. “Nuestro sueño es ahora mejorar el café, procesarlo y venderlo. También ampliar la producción de huevos”. Lucas, su hijo menor quiere estudiar para ingeniero agrónomo y sufragar esa carrera es otro sueño pendiente.

“Quiero que mis nietos aprendan que todo cuesta, pero que sí se puede. Uno no puede quedarse esperando que alguien venga a salvarlo. Hay que buscar cómo hacer las cosas. Poco a poco, pero hacerlo.”

"Hemos mejorado con mucho aprendizaje y hemos mejorado con más empoderamiento. Solo queremos trabajar y salir adelante", dice Gloria Gonzalez Jorge mientras atraviesa su sembradío de cafetales, entre el sonido de aves y el crujir de las hojas. El estiércol de las gallinas forma parte del abono para este cultivo, cuyo grano espera pronto poder procesar artesanalmente para lograr mejor precio. Pero no está sola en este camino: su familia es su fortaleza. (Foto Gustavo Montenegro)
"Hemos mejorado con mucho aprendizaje y hemos mejorado con más empoderamiento. Solo queremos trabajar y salir adelante", dice Gloria Gonzalez Jorge mientras atraviesa su sembradío de cafetales, entre el sonido de aves y el crujir de las hojas. El estiércol de las gallinas forma parte del abono para este cultivo, cuyo grano espera pronto poder procesar artesanalmente para lograr mejor precio. Pero no está sola en este camino: su familia es su fortaleza. (Foto Gustavo Montenegro)

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Gustavo Montenegro Director Editorial, SoyMigrante.com REVISTA
Periodista, escritor, docente universitario. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y 2022. Actualmente dirige SoyMigrante.com/revista
Periodista, escritor, docente universitario. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y 2022. Actualmente dirige…

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