La artesanía hecha en Guatemala es muy popular por su calidad y sostenibilidad. Chick Boss, surgida en 2010 con productos de Petén, obtuvo un reconocimiento internacional.
La artesanía guatemalteca volvió a brillar ante el mundo. La marca Chick Boss, conformada por artesanos de San Andrés, Petén, por iniciativa de una ciudadana estadounidense en 2010 recibió el premio a Sostenibilidad e Impacto Social otorgado por NY NOW, una de las ferias de diseño y artesanía más importantes de Estados Unidos.
En sus redes sociales, los artesanos peteneros que elaboran estas piezas ornamentales celebraron el reconocimiento con un mensaje claro:
“Nos sentimos honrados de recibir el premio a Sostenibilidad e Impacto Social de NY NOW. Cada pieza de Chick Boss está hecha a mano en Guatemala por artesanos que pagan un salario que les permite prosperar, no sólo sobrevivir. Con el 1% de las ventas brutas donadas a la Manera Unida de Guatemala, el arte ponible audaz se convierte en un impacto audaz”.
El origen de Chick Boss
La historia detrás de esta empresa es tan inspiradora como sus diseños. Su fundadora, Pat Pannell, conoció Guatemala en 2001, cuando participó en un programa de inmersión en español. Durante su estancia observó cómo la falta de recursos impedía a muchos niños asistir a la escuela. Esa realidad la motivó a buscar una alternativa que no fuera caridad, sino un modelo sostenible que generara oportunidades de trabajo digno.
Así nació Chick Boss, una iniciativa que enseña a mujeres guatemaltecas técnicas de joyería artesanal, las cuales pueden realizar desde sus hogares, respetando sus responsabilidades familiares y su entorno cultural.
Innovación y reconocimiento
La propuesta de Chick Boss no solo apuesta por la tradición, sino también por la innovación. En 2021, la colección Sound, que transforma discos de vinilo reciclados en piezas de joyería, recibió el Buyer’s Choice Award de la Museum Store Association, un galardón que demostró cómo la creatividad puede unir lo ancestral con lo contemporáneo.
Impacto social
Actualmente, Chick Boss ha beneficiado a unas 25 familias guatemaltecas, otorgándoles salarios que superan los estándares del Comercio Justo y donando entre el 1% y 5% de sus ventas a proyectos comunitarios. Cada pieza que se elabora no solo representa arte y tradición, sino también una oportunidad de desarrollo económico, inclusivo y sostenible.
Un legado que trasciende fronteras
Para la comunidad migrante, este reconocimiento también tiene un valor simbólico: muestra que la artesanía guatemalteca no solo es fuente de orgullo cultural, sino también un motor de cambio social. Desde Petén hacia el mundo, Chick Boss demuestra que el emprendimiento social puede transformar vidas, conectar comunidades y llevar la riqueza de Guatemala más allá de sus fronteras.
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