La migración es una realidad desafiante que a menudo tiene enfoques radicales, raciales y prejuiciosos. La teología de la migración propuesta por el teólogo Daniel Groody en 2009 propuso retomar el principio cristiano del amor al prójimo como valor fundamental. Todo un reto.
Hoy, más personas que nunca en la historia de la humanidad han tenido que abandonar sus hogares. En medio de un mundo saturado de etiquetas como “ilegal”, “extranjero” o “indocumentado”, el teólogo estadounidense Daniel G. Groody, propuso, desde 2009, cambiar radicalmente la forma en que entendemos la migración: no como un simple problema legal o político, sino como un lugar de encuentro con Dios.
Groody, en su artículo Crossing the divide: foundation of a theology of migration and refugees (Cruzando la división: fundamentos de una teología de la migración y los refugiados) planteó hace más de 15 años la necesidad de desarrollar una una perspectiva que permita comprender este fenómeno humano —tan antiguo como la historia misma— desde una visión profundamente cristiana, centrada en la dignidad, la fe y la experiencia del desplazamiento.
Muchas personas se identifican como cristianas en América y sin importar la iglesia a la que asistan, ese cristianismo se fundamenta en el principio de amar al prójimo.
Jesús, el gran migrante de la historia
Para Groody, la clave teológica está en la propia historia cristiana. La encarnación no fue solo un acto espiritual, sino una migración radical. Como él mismo sostiene, la llegada de Jesús al mundo fue la “gran migración” de la historia: Dios no permaneció cómodo en el cielo, sino que cruzó la frontera entre lo divino y lo humano por amor.
La vida de Jesús estuvo marcada, desde el inicio, por el desplazamiento y la vulnerabilidad:
- Nació entre trámites: vino al mundo en medio de un censo imperial, un proceso de control y registro que obligó a su familia a desplazarse.
- Fue refugiado: siendo apenas un niño, tuvo que huir con su familia a Egipto para salvar la vida, convirtiéndose en refugiado político.
- Fue rechazado por su origen: muchos dudaron de Él simplemente por el lugar de donde provenía.
- Desde esta lectura, Groody afirma que, al hacerse humano, Dios no solo se acercó al extraño, sino que Él mismo se hizo extraño, migrante y refugiado, colocándose del lado de quienes viven el desarraigo y la exclusión.
Cuatro claves de la Teología de la Migración
A partir de esta experiencia fundacional, Daniel G. Groody propone cuatro ideas centrales para comprender la migración y la responsabilidad cristiana frente a ella:
1. Todos somos imagen de Dios
Antes que “migrantes”, “ilegales” o “indocumentados”, las personas son seres humanos creados a imagen de Dios. Groody insiste en que las etiquetas políticas y legales pueden deshumanizar y hacernos olvidar que detrás de cada número hay una vida con dignidad sagrada. En este mundo todos somos migrantes temporales, vamos de paso.
2. Dios se mudó a nuestra tierra
En Jesús, Dios cruzó la brecha más grande posible —la que separa a lo divino de lo humano— para ayudarnos a encontrar el camino de regreso a casa. Esta acción revela que, para Dios, no existen muros que no puedan ser cruzados cuando se trata de amor y salvación.
3. La misión cristiana es unir, no separar
Groody recuerda que la vocación cristiana es la reconciliación. La tarea no es levantar fronteras de enemistad, sino romper muros, practicar una hospitalidad generosa y colocar la ley del amor por encima de cualquier otra norma.
4. Ver el mundo con los ojos de Dios
La verdadera ciudadanía, afirma Groody, no depende de un pasaporte ni de un estatus migratorio, sino del Reino de Dios. Al final, el juicio no se basará en documentos, sino en cómo se trató al hambriento, al forastero y al excluido, porque en ellos se refleja el rostro de Jesús.
Peregrinos hacia un hogar común
Desde esta perspectiva, la migración deja de ser solo una crisis y se convierte en una revelación. Nos recuerda que todos somos peregrinos en esta tierra, caminando juntos hacia un hogar donde no existan las fronteras que hoy dividen, excluyen y hieren.
La Teología de la Migración propuesta por Daniel G. Groody no evade los desafíos políticos o sociales del fenómeno migratorio, pero los sitúa en un plano más profundo: el de la fe, la dignidad humana y la responsabilidad ética frente al otro.
¿Quién es Daniel G. Groody?
Daniel G. Groody, C.S.C. es sacerdote de la Congregación de Santa Cruz, teólogo y profesor en la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos). Es reconocido internacionalmente por su trabajo en temas de migración, derechos humanos y teología social.
Entre sus obras destacan Globalization, Spirituality, and Justice y Crossing the Divide, donde desarrolla ampliamente su propuesta de una Teología de la Migración como marco para pensar la fe cristiana en un mundo marcado por el desplazamiento.
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