El actor migrante hondureño Oscar Rodríguez Quiroz convierte el teatro clásico hispano en territorio vivo desde el escenario estadounidense
Para Óscar Rodríguez Quiroz, el teatro no fue una herencia familiar ni una vocación artística temprana. Creció en Honduras y no fue sino hasta los 17 años cuando, al asistir a una función en la Escuela Nacional de Arte Dramático de su país, descubrió el escenario como un territorio posible.
Aquella experiencia lo marcó profundamente. Lo que comenzó como curiosidad pronto se convirtió en formación, disciplina y, más tarde, en docencia. Actualmente brilla en la escena teatral de Detroit, Michigan.
Durante siete años enseñó voz, movimiento y actuación en Honduras, mientras desarrollaba su carrera como actor con la compañía Teatro Memorias, participando en giras por Centroamérica.
Su búsqueda artística lo llevó luego a México, donde cursó la licenciatura en Artes Escénicas y Teatro en la Universidad de Guadalajara. Allí entró en contacto más profundo con la tradición dramática hispánica, una herencia que —paradójicamente— había estado ausente en buena parte de su formación académica previa.
Más adelante se trasladó a Estados Unidos para realizar una Maestría en Bellas Artes (MFA) en Actuación en Michigan State University. Fue en ese contexto donde tomó forma su inquietud por ampliar el canon teatral que se enseña en las universidades estadounidenses.
En 2019 efectuó una dramatización denominada Viajes-Travesías, referente al drama y los desafíos de la migración de indocumentados. Aquel año fue el que marco una de las mayores caravanas migrantes desde su país a Estados Unidos y no podía quedar indiferente ante ello.
Su participación en la producción de El amor es más laberinto de Sor Juana Inés de la Cruz en 2024, no surgió solo como un proyecto académico, sino como una declaración artística y pedagógica: demostrar que el Siglo de Oro novohispano tiene la misma complejidad, belleza y vigencia que cualquier autor europeo tradicionalmente consagrado.
Su trabajo recibió reconocimiento institucional, incluido un premio de posgrado por excelencia artística, y marcó también el inicio de una nueva etapa profesional como profesor asistente de actuación en Oakland University, en Michigan.
Sin embargo, más allá de los títulos y reconocimientos, lo que define a Rodríguez Quiroz es una convicción clara: el teatro clásico no pertenece a un solo idioma ni a una sola tradición.
Su trayectoria —de Honduras a México y luego a Estados Unidos— refleja precisamente ese tránsito cultural. En su visión, el escenario es un espacio donde las herencias coloniales pueden discutirse sin negarlas, donde la tradición popular dialoga con la literatura culta y donde los estudiantes latinos pueden reconocerse en textos que durante demasiado tiempo les fueron presentados como ajenos.
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